Bernardo del Carpio, a caballo entre la realidad y la leyenda

Cueva del Bernardo de Carpio en Aguilar de Campoo_César del Valle

¿Quién fue Bernardo del Carpio? ¿Existió realmente? ¿Están sus restos enterrados en una cueva en la localidad palentina de Aguilar de Campoo? Son algunas de las preguntas a las que trataba de dar respuesta el historiador Jaime Nuño en este artículo escrito en el año 1986 y publicado en el boletín de la Asociación de Amigos del Monasterio de Aguilar de Campoo, nuestro origen.

Ilustrado con fotografías de César del Valle, sirve para adentrarnos en la historia de este legendario caballero medieval.

 

 

“Andados XXVII annos del reynado del rey don Alfonso el Casto… et del ynperio de Carlos en XII, el rey don Alfonso, pues que vio que era viejo et de muchos dias, enbio su mandadero en paridad a Carlos, enperador de los romanos et de los alemanes et rey de los françeses, commo el non auie fijos, el sil quisiese venir ayudar conta los moros, quel darie el reyno”. En este contexto referido por Alfonso  X y plagado de errores cronológicos debe situarse la aparición del personaje llamado Bernardo del Carpio “uno de los mas illustres Caualleros que ha tenido España y de los mas celebrados de la fama por esforzado y animoso y venzedor de grandes batallas”, en palabras del cronista del monasterio de Santa María la Real Fray Antonio Sánchez.               ·

Su carácter mítico-literario, nacido en el seno de la leyenda altomedieval, dada más tarde por realidad histórica, no es óbice para que hoy podamos contar con una biografía tan detallada del caballero que para sí quisieran otros personajes reales, regios incluso, de aquellos siglos.

Vino al mundo Bernardo -o Bernaldo, según escribe el rey Sabio- en el año 794, fruto de unas relaciones poco claras entre el conde de Saldaña y la Infanta Jimena hermana del rey asturiano Alfonso II, llamado el Casto, circunstancia que le indispone, ya desde su nacimiento, ante el monarca:

-Bastardo me llaman, rey, -siendo hijo de tu hermana;
tú y los tuyos lo dicen, -que ninguno otro no osaba;
cualquiera que de tal dicho- ha mentido por la barba
que ni mi padre es traidor- ni  mala mujer tu hermana,
que cuando yo fui nacido,- ya mi madre era casada.

 

A la edad de 24 años realizará la hazaña más famosa de su vida, dirigir, junto con el rey Marsil de Zaragoza, un combinado de tropas que atacará la retaguardia de Carlomagno en el paso navarro de Roncesvalles:

Metiste a mi padre en hierros- y a mi madre en orden sacra
por dejar esos tus reinos- a aquesos reyes de Francia.
Con gascones y leoneses-y con la gente asturiana
yo iré por su capitan- o moriré en la batalla.

 

Sería en esta acción guerrera -que, curiosamente, tuvo lugar en el 778, dieciocho años antes del supuesto nacimiento de Bernardo, durante el reinado de Silo- donde moriría lo más florido de la nobleza franca, de los Doce Pares, entre ellos Roldán, personaje ciertamente paralelo al leonés, también sobrino de un monarca, en este caso del emperador Carlomagno.

Así pues con este episodio surgirá la fama y la figura, por ende necesaria, de un héroe nacional leonés que no duda en aliarse con los enemigos de su fe aunque, eso sí, de reinos peninsulares, para hacer frente a una invasión ultrapirenaica aunque sea cristiana.

La prisión de su padre le induce a pedir al rey su libertad, que le será repetidamente negada aún habiendo conseguido derrotar a los musulmanes en Benavente y Zamora. Despechado se retiró a sus posesiones patrimoniales en Saldaña dedicándose a la muy señorial actividad del saqueo en tierras reales consiguiendo, de este modo, que Alfonso II, sin herederos, no le nombrase a él como sucesor, permaneciendo en esta actitud de rebeldía durante los reinados de Ramiro I (842-850), Ordoño  I (850-866) y en los primeros años de Alfonso III (866-910). A pesar de las victorias frente a los musulmanes conseguidas durante el reinado del último monarca, éste no puede perdonar el pillaje y la rebeldía de Bernardo que ahora se traslada al castillo del Carpio, cerca de Alba de Tormes, acentuando su insumisión: “hacía cabalgadas en las tierras del rey, robaba, saqueaba y talaba ganados y campos. Por otra parte los moros, a su instancia, molestaban grandemente las tierras de cristianos” nos dice Mariana.

Harto el rey, promete devolver la libertad al conde  de Saldaña si el de Carpio cesa en sus actividades y entrega el castillo, a lo cual accede sin saber que su padre ya había muerto en prisión. Decepcionado acabará sus días vagando por tierras navarras y francesas, según unos autores, o sirviendo, resignadamente y a pesar de todo, a su rey, según otros. Corría el año 876 y contaba Bernardo 82 años.

Desde Alfonso X hasta el padre Mariana pasando por Valbuena, Ambrosio de Morales o Lope de Vega, son numerosos aquellos que han inspirado en tan agitada vida sus crónicas, sus versos o su teatro convirtiéndolo de este modo uno de los personaje más representativos de la supuesta historia de la España medieval.

 

Acceso cueva Bernardo de Carpio (Aguilar de Campoo, Palencia)

 

La cueva de Bernardo 

 

La Cueva de Bernardo del Carpio constituye una pequeña cavidad de apenas  siete metros de profundidad, de origen kárstico, emplazada en la falda meridional de la Peña Longa, inmediata al monasterio de Santa María la Real en la localidad palentina de Aguilar de Campoo.

Refiere el documento de fundación del monasterio que cuando el caballero Alpidio trataba de dar caza a un venado descubrió en la peña antedicha, junto al lugar donde hoy está el antiguo cenobio, dos pequeñas ermitas abandonadas: una contenía reliquias de San Pedro y San Pablo Apóstol, la otra, situada más abajo, guardaba las de Santa María, Santa Engracia, San Juan Bautista, San Pelayo Mártir y San Martín Cofesor, según rezaban tres letreros.

Excepto para el padre Flórez, quien en el siglo XVIII consideró como bueno este documento, los demás autores que se han ocupado del tema lo tienen por falso. Aún así es posible ver en esta leyenda cierta inspiración en la realidad -tal como puede ocurrir en la de fundación del Monasterio de San Pedro de Arlanza por Fernán González, ciertamente similar a la que nos ocupa-y no es difícil asociar la primera ermita con la Cueva de Bernardo -ya lo dice fray Antonio Sánchez- y la segunda con la de los Gitanos, desaparecida parcialmente por el ensanche de la carretera de Cervera.

Dentro de la cueva aún es posible ver la cubierta de un sepulcro, con toda certeza mil veces violado, en el con letra gótica se nos cuenta quien es el difunto que ahí reposa. El detérioro del conjunto es evidente: junto a toda la tierra removida aparecen sillares en total desorden e incluso la inscripción se ha perdido en parte, aunque gracias a fray Antonio Sánchez sabemos que cuando se hallaba completa decía: 

"Aquí yace sepultado el noble y esforzado cavallero Bernardo del Carpio defensor de España hijo de don Sancho Diaz conde 

de Saldaña í dela ínfanta doña Xímena hija del rey don Alonso el  II  llamado el Casto. Murió por los años de 850."

 

Como se puede ver aquí, en contradicción con todas las demás fuentes, se hace a Bernardo no sobrino del rey, sino nieto.

El emperador Carlos, en uno de sus viajes, visitó el enterramiento del caballero llevándose su espada, que aún hoy se puede contemplar en la Armería de Madrid.

El mismo cronista nos dice que junto a este sepulcro se hallaba otro, el de Fernán Gallo “natural de Burgos, Canciller Maior en la batalla de Ronces Valles donde perdio un ojo mas no el estandarte”. Sobre la tumba, la leyenda: «Quoniam in víta, bernarde, conjunximus facta pulchra jungamos modo sepulcra‘, que el monje tradujo por: Pues en la vida, Bernarde, seguimos buenas venturas, juntemos las sepulturas.

Cuando Sebastián de Miñano entre 1826 y 1829 y Pascual de Madoz entre 1845 y 1850 redactan sus respectivos Diccionarios Geográfico-Estadísticos este enterramiento aún se podía ver. Hoy no queda ni rastro de él.

Más aún,  en la misma Crónica del Monasterio se habla de que fuera de la cueva, en el suelo de la ermita propiamente dicha, bajo una lápida bien grande algo levantada con una espada labrada en la misma piedra por armas, reposan los restos del caballero francés don Bueso, derrotado en batalla por el propio Bernardo. Miñano y Madoz no hablan ni del enterramiento ni de la ermita probablemente ya desaparecida y con cuyos restos -románicos- se levantaría el actual muro de cierre de la cueva.

 

lápida Bernardo de Carpio

 

A modo de conclusión

Con los pocos restos que actualmente se conservan nos podemos plantear varias incógnitas. Las primeras surgen con el carácter del enterramiento, pues si por un lado ya hay que tener en cuenta el hecho de que el propio Bernardo del Carpio es personaje nacido en la leyenda y no en la historia, por otro es importante destacar cómo una inscripción funeraria que por su tipo de letra se podría fechar en el siglo XV, correspondería a la sepultura de alguien que supuestamente murió en el siglo  IX.                                                                                               .

¿A qué se debe todo esto? La evidencia de falso enterramiento procurado por los monjes ya quedó apuntada por Miguel de Unamuno en Visiones y Andanzas españolas.

Durante la Edad Media es práctica común en iglesias y monasterios la invención de sepulturas de personajes famosos -algunos realmente las poseían-y de imágenes o reliquias milagrosas. Esto, sumado a la tradición de  fundación antiquísima, hace que la institución gane en nobleza y prestigio constituyendo un buen sistema de atracción de devotos y peregrinos. En la España cristiana medieval contamos con un notable ejemplo: el hallazgo del cuerpo del Apóstol Santiago y su ubicación en Compostela, que dio lugar a uno de los movimientos económicos y culturales más importantes del medievo,  el Camino de Santiago o Camino Francés, uno de cuyos ramales secundarios probablemente pasaba por Aguilar.

¿Fue esta la idea que animó a los monjes de Santa María la Real a inventar la tumba de Bernardo del Carpio? Es difícil dar un sí rotundo, aunque es muy probable. No olvidemos que la imagen del Santo Cristo -que hoy se halla en la Colegiata de San Miguel- era objeto de gran atracción y que el monasterio contaba con dos hospederías.

Este  es un punto que quizás nunca lleguemos a esclarecer. Lo que resulta más accesible es poder conocer los primeros momentos de utilización de la cueva ya sea como cámara sepulcral ya sea como centro de oración o de hábitat -datable a priori en los siglos altomedievales-, aunque realmente sólo con la aplicación de métodos arqueológicos podremos llegar a saber la historia y el carácter de la misma.

 

MÁS IMÁGENES DE LA CUEVA

 

IMÁGENES: Detalles de la cueva en la que supuestamente está enterrado Bernardo del Carpio, una cavidad próxima al monasterio de Santa María la Real en Aguilar de Campoo (Palencia), donde aún se conserva la cubierta del sepulcro en el que teóricamente fue enterrado el héroe medieval. Archivo Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico_César del Valle.

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