El futuro de los estudios de humanidades

¿Recomendarías a tu hijo que estudie psicología, arte o educación social?. ¿Qué futuro laboral tiene un filósofo o un historiador en el siglo XXI?, ¿Y un pedagogo o un filólogo? Si hacemos una lectura superficial del mundo de la empresa, aparentemente poco, y los estudios de empleo dicen que los egresados de letras acaban, en muchas ocasiones, trabajando en la hostelería o en el comercio. Al menos en España.

Un artículo de Gumersindo Bueno Benito, director del área de proyectos de la FSMLRPH

 

Ahora bien, en otras latitudes puedes encontrar que un filólogo especializado en inglés es el dueño de Alibabá, que una historiadora fue directora general de Hewlett Packard, o que un licenciado en comunicación dirige Starbucks.  Parece, pues, que en países como EEUU ese tipo de formación no es un obstáculo insalvable para llegar al mayor nivel gerencial.

La mayoría de los máximos directivos de las empresas del Ibex 35 en España son licenciados en Económicas o Derecho que han complementado sus estudios de gestión empresarial en prestigiosas escuelas de negocio.  Nuevamente la procedencia de las ciencias sociales no impide ascender en el escalafón empresarial. Parece que hay alguna esperanza para los estudiantes de estas carreras.

La Universidad de Salamanca acogió recientemente en el aula Miguel de Unamuno un encuentro del Foro Universidad Empresa en el que se presentó el estudio promovido por el Instituto de Competitividad Empresarial de Castilla y León sobre el futuro laboral de los estudios de humanidades en la empresa. El informe, que es muy necesario para abrir un debate sobre la actualización de este tipo de carreras, ha sido elaborado por las universidades públicas de nuestra región y muestra la situación actual de empleabilidad de los egresados de estas titulaciones.

 

Los estudios de humanidades en la Fundación Santa María la Real

La Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico (FSMLRPH) fue invitada a participar en la mesa redonda, que se celebró en ese evento, para explicar qué tipo de perfiles contrata y qué valora en cada proceso de selección.

Una entidad que se ha empeñado en los últimos 40 años en revitalizar zonas rurales poniendo en valor recursos patrimoniales, la cultura, y potenciar la empleabilidad de dos generaciones de jóvenes no es ajena a las carreras llamadas de letras. Precisamente el humanismo ha sido la corriente filosófica más inspiradora de esta Fundación y de programas vinculados a la promoción de la empleabilidad de las personas jóvenes como las Escuelas Taller, las Lanzaderas de Empleo y Emprendimiento Solidario, el Programa Empleo y Mujer de Castilla y León o el Máster en Habilidades para la Gestión del Patrimonio Cultural.

En las cuatro décadas de historia de la entidad se ha contratado a más de 3.000 personas que han trabajado en proyectos diversos y sus perfiles profesionales han sido muy variados: arqueólogos, historiadores, pedagogos, economistas, historiadores del arte, especialistas en turismo, arquitectos, delineantes, especialistas en atención a personas mayores, sociólogos, periodistas, licenciados en derecho y últimamente ingenieros electrónicos, mecánicos de software, especialistas en recursos humanos, sicólogos, trabajadores sociales, etc. En todo caso, mayoritariamente, han sido profesionales con un bagaje formativo relacionado con las ciencias sociales, artes y humanidades los que han trabajado en la Fundación.

Los procesos de selección generalmente se centran en el cumplimiento de unos requisitos objetivos de acceso como son la posesión de una titulación adecuada, la movilidad geográfica, y otros más subjetivos como el dinamismo, proactividad, o la ilusión por trabajar en la entidad. Pero las condiciones de permanencia, además del desempeño, generalmente se vinculan a demostración de competencias transversales como la adaptabilidad, el compromiso o la vocación.

 

 

La importancia de las competencias transversales

El estudio muestra precisamente que las competencias transversales son esenciales para mantener el empleo y que los titulados de letras suelen haberlas desarrollado bien, si no todas, sí al menos, muchas de ellas.

Está bien enfocado el informe cuando analiza expresamente las competencias transversales que se demandan hoy en día y que básicamente son las habilidades de comunicación oral en varios idiomas, la comunicación no verbal, la autonomía en el trabajo, la capacidad de trabajo en equipo, la disposición para aprender, la creatividad, el intraemprendimiento, y la capacidad de resolver problemas. Los planes de estudios analizados buscan dotar a los estudiantes de estas competencias.

La adaptabilidad al cambio y la curiosidad, que probablemente sean metacompetencias poco resaltadas son esenciales para mantener una vida laboral satisfactoria. Además cuando hablamos del tercer o cuarto sector se requiere la competencia ética que implica que el profesional mantenga unos principios y valores acordes con la entidad en la que trabaja.

 

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Renovarse o morir

Coincidimos con el estudio en que estas carreras deben modernizarse para adaptarse al siglo XXI. ¿Cómo se puede innovar lo que parece clásico? Un camino innovador es la creación de titulaciones combinadas, dobles grados, que mezclan conocimientos diversos. Los ejemplos existen ya en muchas universidades: el clásico de ADE y Derecho, pero hay otros de Arte y leyes o incluso de Matemáticas y filosofía como ofrece la Universidad de Oxford. Una buena combinación de los estudios con los idiomas modernos, además del inglés quizá chino, es urgente.

Es evidente que el alumnado de ciencias sociales, artes y humanidades no puede carecer de competencias matemáticas básicas y cultura científica. Esa separación radical entre letras y ciencias es dañina para los futuros profesionales. No puede consentirse que existan titulados sin conocimientos de ambas ramas. Pero esto exige una revisión de cómo las matemáticas, la física y otras materias se están impartiendo en la educación secundaria obligatoria.

Así mismo las universidades deben ser conscientes de la transformación digital de la sociedad y promover que los estudiantes manejen herramientas tecnológicas luego necesarias en la vida profesional. No significa simplemente que sean competentes en el uso de redes sociales, que ya lo son, sino que tengan conocimiento de la elaboración de bases de datos, programación, robótica y otras técnicas cada vez más presentes en la vida diaria.

Debería contemplarse, además, la necesidad de unos conocimientos mínimos de gestión y de la economía y empresa en un mundo globalizado. Son ya cada vez más abundantes los puestos de trabajo que implican la gestión de recursos humanos o materiales.

En los últimos tiempos oímos hablar de forma constante de la industria 4.0. Esta transformación de la industria, de los medios de producción, traerá una transformación radical de la sociedad. En ese proceso no podemos permitirnos el lujo de prescindir de la filosofía, de la sociología, de la pedagogía y otras áreas de las humanidades que sirven no solo para explicar, sino también para diseñar el mundo en el que queremos vivir, especialmente, si queremos que éste sea más justo y más humano