Descubriendo los grandes monasterios de Portugal con Cultur Viajes

¿Alguna vez visitado los cuatro monasterios portugueses declarados Patrimonio de la Humanidad?

Alcobaça, Batalha, Tomar y Los Jerónimos son algunos de los lugares que están visitando estos días 18 amigos, aficionados al arte, la historia y el patrimonio, con nuestros compañeros Jaime Nuño y Paula Álvarez-Santullano.

 

“Nos centramos en estas cuatro joyas monásticas por su monumentalidad, grandiosidad y belleza, pero las posibilidades que nos ofrece esta tierra son incontables”, explican desde Cultur Viajes, nuestra agencia especializada en turismo cultural. Por eso, completarán su recorrido visitando varios castillos medievales y siguiendo la huella de los grandes descubridores “que, sin apenas medios ni información, consiguieron poner al alcance de toda Europa nuevas rutas, tierras exóticas y riquezas impensables”.

En las dos primeras jornadas del viaje, que arrancó este fin de semana, los participantes han tenido la oportunidad de recorrer destacadas ciudades como Trujillo, cuna de grandes exploradores; Elvas, la ciudad de los cien castillos; y Évora, donde han disfrutado de su catedral románica, la célebre Capilla de los Huesos y el templo de Diana, símbolo de la presencia romana en Portugal.

 

 

La jornada de hoy, como no podía ser de otra manera, estará dedicada a conocer a fondo la capital portuguesa, Lisboa, que presume de ser “una de las ciudades más vibrantes y carismáticas de Europa”. Allí visitarán conocidos enclaves como la Catedral de Sé, la Plaza del Comercio o el Castillo de San Jorge; y se trasladarán hasta la vecina Belém para conocer el monasterio de Los Jerónimos, “obra cumbre del estilo manuelino”. 

 

 

Finalmente, y hasta el jueves, pondrán rumbo al resto de grandes monasterios portugueses, pasando por los imponentes monasterios de Batalha y Alcobaça, para rematar en la ciudad de Tomar. En esta última, conocerán su castillo templario y el Convento de Cristo, una de las obras renacentistas más importantes de Portugal. Todo ello en un “recorrido sosegado, al que el fado añade una obligada nota de melancolía, para disfrutar no solo del patrimonio, sino también de la gastronomía y los paisajes”.

 

Y tú, ¿aún no has viajado con Cultur? ¡Mira!